
Esta noche me ahogo. Me ahogo entre cuatro paredes, que ni siquiera son mis paredes. Me ahogo afuera, entre el suelo y el cielo, y me ahogo en mi imaginación, donde me siento pequeña. De repente todo se ha convertido en asfixiante. No me siento bien en ningún sitio. Si estoy aquí, quiero estar allí. Si estoy allí, quiero estar aquí. Y si estoy a medio camino, quiero llegar a algún sitio. Me siento como el patito feo que no acaba de saber a donde tiene que dirigirse, ni cual es realmente su sitio.
Esta noche me da miedo quedarme dormida. Tengo miedo de que los sueños me traicionen, y me lleven a ese mundo del que precisamente quiero escapar.
A ese mundo donde ella finge que todo está bien para que yo no me preocupe, a pesar de que sabe que me doy cuenta. Por su tono de voz, por su primer saludo, por lo que cuenta y por lo que calla, y incluso por la forma de expresarse. Tratando de no hacer daño a los que queremos, muchas veces lo hacemos peor. No se trata a mi modo de ver de protección, sino de falta de confianza. Yo también tengo miedo, lo sabes, y me lo ocultas, y al contrario de lo que pretendes, me haces más daño.
A ese mundo donde todo el mundo está lejos, donde apenas queda nadie ya, y donde parece que casi todos han encontrado su sitio y su gente.
A ese mundo donde él, una de las mejores personas que tengo la suerte de tener a mi lado, me hace sentirme pequeña. En lugar de sentirme feliz por lo que me da, eso que tanto tiempo llevaba buscando, todos los días me pregunto qué hace con alguien como yo. Una persona con su vida más que encaminada, su dinero invertido, planes de comprar una casa, invertir en otras cosas y con las ideas muy claras. Y yo, ¿Quién soy yo? Alguien que no sabe lo que quiere, que no conoce el camino que quiere seguir, que no sabe lo que siente, que no tiene absolutamente nada propio, que vive de sus padres, que no encuentra su sitio, y que, sobre todo, no aprecia lo que tiene. Me siento pequeña, insignificante e insegura, a pesar de que a su lado intento demostrar todo lo contrario, por miedo a que lo que le enamoró de mi sea algo que realmente no existe y se de cuenta. Le quiero, le quiero con locura, tal vez con una locura propia de ser tratada con medicación psiquiátrica, y eso me asusta. No me gustan los sentimientos grandes, me dan miedo, pero no soy capaz de hacerlos parar de crecer. Aunque deje de regarlos ellos buscan el agua por ahí, y siguen a su aire, sin hacerme ni caso. Ojala ellos tengan razón esta vez y merezca la pena que crezcan, igual que las flores se ponen cada vez más bonitas cuando les damos de beber.
A ese mundo donde alguien quiere que le odie, que pase del blanco al negro de un día para otro, que me convierta en alguien diferente de quien soy. No me siento capaz de hacerlo, no quiero hacerlo. No puedo odiar a alguien que creo que realmente vale la pena. Cambio lo que siento, es cierto, pero es difícil. Y yo me pregunto ¿qué siento? Y yo misma me respondo. No lo sé. Sé lo que no siento, pero no conozco la respuesta a esa pregunta. No siento odio, ni asco, ni amor, ni indiferencia, ni alegría, ni tristeza, ni dolor, ni… ni… ni… Y entonces, ¿qué siento? No lo sé, simplemente por que no sé que es lo que debo sentir, solo conozco lo que no debo, y tal vez por eso no encuentro el camino, porque tampoco tú me ayudas a encontrarlo.
A ese mundo donde todavía le echo de menos. No entiendo por qué, no sé como aún pienso en él, y como a veces me despierto pensando que todo ha sido un sueño. Debo romper con todo eso, pero me cuesta cerrar puertas, incluso aunque no quiera que se abran nunca más.
A ese mundo donde tengo miedo, mucho miedo de que las cosas vayan a peor, y acabar perdiendo a alguien que lleva toda la vida conmigo. Me da miedo pensar en un después donde todo sea diferente, donde tener que acostumbrarme a otra cosa. No me quiero dormir, como si eso pudiese evitar las malas noticias. Siento que, si estoy despierta, de alguna forma lo tengo todo bajo control.
A ese mundo donde no sé si te quiero o si te odio, o si simplemente, me basta con no ser como tú. Demasiado daño, demasiados desprecios, demasiadas palabras dolorosas. A menudo vuelvo a oír en mi cabeza ese “tú no eres nadie” de hace ya varios años. Una sola discusión en toda una vida. Una sola frase. Demasiado daño. Días y días de lágrimas por aquello, incluso ahora. Probablemente ese momento, ese minuto, haya sido lo que más me ha dolido en 22 años. No te odio, lo sé, no puedo, quiero ni debo hacerlo. Debo tragar con todo y hacer como si fuera fuerte, siempre debo ser fuerte. Curiosamente eres la persona que más daño me ha hecho con una simple frase, pero también la que mejor me ha hecho sentir con otra, aunque también haya llorado con ella a pesar de ser positiva. “Nunca doy nada a nadie sin pedir nada a cambio, y tampoco si no se lo merece, ni siquiera a ti. Lo que pasa contigo es que siempre me has demostrado que te lo mereces todo”. Años de diferencia entre ambas, misma situación de fondo. Y yo sigo aquí, pensando, o tal vez ya no, en qué puedo hacer yo para cambiar todo esto. Sinceramente, hace años que he perdido la esperanza.
No quiero dormir, no puedo dormir, tengo miedo de dormir. Siento dolor, tristeza, pena, y miedo, mucho miedo. Quiero encontrar mi camino, lo necesito.
Intentaré dormir. Daré miedo al miedo esta noche, a ver si se escapa un rato y me deja descansar en un mundo transparente, con mariposas chiquitinas, gotas de lluvia, y besitos de colores.